miércoles, 9 de julio de 2008

Jamás se había sentido de aquella forma. La impotencia había llenado todo su ser, sí, pero el agotamiento se hacía cada día menos soportable.
Un profundo silencio, apenas interrumpido en breves intervalos, reinaba en su entorno más habitual.Incluso aquel al que siempre había sabido a su lado, incondicional, se abstraía y se mostraba inquebrantable.
Cuando el dolor hacía ya acto de presencia, una vocecita dijo: "Ahora me tienes a mí. Por eso me gustas, porque eres vulnerable, sensible, y así puedo protegerte".
Y, por un segundo, aquella admirada y también olvidada sonrisa volvió a dibujarse en sus labios.
Comprendió entonces que, mientras lloraba, en algún lugar había alguien que soñaba con secar sus lágrimas.
... Cerró los ojos y soñó...




¡Ojalá soñar sirviera de algo!